þÿesta conferencia fue dictada el miércoles veinticuatro de noviembre de 2010 en la ciudad de mérida (venezuela), en el marco del octavo simposio internacional de estética de la ula (universidad de los andes), y el sábado veintisiete de noviembre de 2010 en la ong (organización nelson garrido) de caracas (venezuela). A Anna Monge INFOCIDIO 2.0 Facebook me avisa de que Fulanito me sugiere a Zutanito como amigo; saludo habitualmente a Zutanito cuando coincidimos, por eso me parece bien y acepto el vínculo propuesto. Nunca más se supo. Otro día, me cuentan que uno de mis amigos se cruzó por la calle con un miembro de su lista en Facebook y no le devolvió el saludo. Lo primero no da que pensar, porque puede ser un error del sistema, pero lo segundo obliga a detenerse, desde el momento en que introduces en tu vida a alguien que no quiere saber nada de ti. Bueno, dicho así, pasa muchas veces, tal vez no debería darle importancia ni seguir por donde quería: voy a continuar. Aceptas en tu círculo social (hay que tener presente que cuando hablamos de la Red 2.0, lo hacemos de la Red Social) a alguien que quiere muy poco trato contigo; sí, también pasa en la ciudad, pero no con la efusividad empleada en las redes sociales. Al entrar en Facebook te sumerges en un lenguaje almibarado repleto de exclamaciones y una exagerada simpatía hacia lo que se presenta en sociedad a todas horas (como se sabe, la inet no las tiene porque en ella conviven habitantes de muy distintos husos horarios), de un 'buenrollismo' que raya la vergüenza ajena, según parece algo que se sufre cada vez menos. Viene a suceder casi lo contrario a lo que ocurre en los blogs o, en menor medida, en los foros, donde no tardan en aparecer los insultos tras los primeros comentarios; en el caso de Facebook todo es de una camaradería efusiva muy sospechosa (en el momento en que escribo, accedo a este sitio de encuentro para confirmar lo escrito y descubro en el muro de uno de mis sobrinos, quien a sus once años ha falsificado sus datos para frecuentar estos parajes, descubro este comentario de tono grueso dirigido por uno de sus escasos, cuenta con un total de nueve, amigos ahí: "igo de puta me cago en tus muertos cuando te vea te voy a dar una palica", excepción que confirma la regla, también toda gramática, según frase hecha a la que todos damos crédito). Si atendemos un poco a los cruces lingüísticos propios de la Red 2.0 veremos cómo lo emocional, que se abría paso en la Red 1.0 a través de los emoticonos (unas grafías que pretendían acercar la variedad de estados de ánimo reflejados en un rostro que al teclado le resulta difícil transcribir), con la Red 2.0 se vuelve exaltación subida de un tono regulado por el número de cierres exclamativos con que se termina la frase que incorporas al muro de tu interlocutor (?). Resulta curiosa esta forma de comunicación en que uno se dirige a otro en plena plaza pública, lo que equivaldría a hacerlo a gritos, porque los mensajes que uno envía se hacen casi siempre a través del muro, desde el balcón de tu casa para ser oídos en toda la calle, si bien ahora constituida por la comunidad de amigos a los que admites en tu lista sin entrar a valorar las razones para hacerlo, al igual que pasa gente por la calle a la que no conoces y puede oír tus cosas, claro que a los transeúntes los sabes desconocidos, mientras en las redes sociales se crea la ficción de pertenecer a una comunidad sólida de intereses, y por eso no reparas en que todo lo publicado en ellas supone emitir tu vida. Si al principio de la inet muchos de los net.artistas reaccionaron desde ella contra ella para denunciar que éramos controlados en nuestros pasos ya que dejábamos rastros por todas partes y era mejor volvernos transparentes y compartirlo todo, como apuntan las obras Life Sharing (2000-2003) y Vopos (2002) de 01.ORG, hoy las redes sociales no solo les dan la razón a los primeros net.artistas, además contribuimos al control al habérsenos facilitado el trabajo, tal y como 01.ORG había anticipado con sus obras de principios de la década. El mejor ejemplo para comprender cómo el sistema nos empuja a volcar nuestra vida al ruedo social es el ofrecido por la aplicación Twitter, que realiza una inteligente apropiación del lenguaje de los mensajitos, tanto del que deriva de los SMS como del procedente de la mensajería instantánea en la inet (creo que la más empleada es la MSN). Los SMS limitan a 160 caracteres la comunicación con los demás, Twitter va un poco más lejos y nos reduce las posibilidades a 140, pero para ello nos proporciona un montón de utilidades para construir URL cortos que puedan amoldarse a esa brevedad y así dar cuenta puntual de todo lo que pasa en nuestras vidas tanto a través de la descripción corta por escrito como de los vínculos a fotografías, vídeos o grabaciones acústicas, complementadas siempre por el mayor vicio de hoy, el completo estriptís que supone la geolocalización (una de cuyas mejores herramientas es foursquare.com) para rendir un mejor testimonio de lo que estamos emitiendo; no bastan fotos, vídeos y registros sonoros, también debes dejar constancia del exacto lugar en que fueron realizados, y para ello nada mejor que geolocalizarlo todo, gracias a que nuestros teléfonos están dotados de una compleja trama de software que nos mantiene comunicados a todos los niveles, a su través la inet se ha extendido por completo y el control sobre nosotros se ha hecho absoluto, antes sabían dónde se encontraba tu ordenador, o tú cuando entrabas en contacto con los computadores, hoy saben dónde te ubicas porque tu teléfono se ha vuelto una cotorra que lo larga todo. Hace años conversaba con mi buen amigo Luigi Pagliarini acerca de la conectividad en que nos vemos envueltos desde hace tiempo, sería 2006 ó 2007, no estoy muy seguro, aunque creo que fue con anterioridad a la realización de una de las obras más interesantes de su producción, Fatherboard, the superavatar (2007-en curso). LP me decía que pronto estaríamos obligados a contratar servicios de ocultación para no dejar rastro de nuestros movimientos. Si muy a finales del novecientos todo el furor se dirigía a estar conectados; porque era algo de lo que virtualmente se carecía, salvo terminada la última década en que se comenzó a imponer la inet, al menos en Europa; ahora, me decía LP, correríamos a evitar la conexión, porque, como ya habían avanzado los primeros net.artistas, estar conectado es estar controlado. Piense el lector para qué compra un padre teléfono móvil a su hijo, para tenerlo localizado, no para hablar con él, de hecho es muy probable que no se hablen o lo hagan en tan justa medida que sea irrelevante lo dicho entre ellos. Más o menos un año después de mantener esta conversación encontré la referencia de una empresa europea que ofrecía el servicio de ocultación, y le volví a dar la razón a LP enviándole un correo con estos datos, he buscado ese correo en mi ordenador pero no doy con él (según parece me he cruzado con LP cuatro mil y pico correos). Debo decir en su favor que persiste en la utilización de un teléfono móvil con una antigüedad de diez años (ignoro cómo ha conseguido mantenerlo en funcionamiento), algo que yo no soportaría, y con el que es capaz de atravesar el planeta sin la menor dificultad. Su teléfono no solo es viejo, también feo, como corresponde a una antigualla de ese calibre, pero le permite estar conectado en la medida que necesita; para telefonear y punto. Sin embargo para él, o para mí, no disponer de wifi gratuita supone una rotura de inercias fortísima, cada vez que salgo de casa con mi portátil para pasar la noche fuera, si no dispongo de conexión wifi me siento desamparado, ya no incomunicado, peor, porque estoy desvalido, no lo soporto (creo que soy un infoadicto, lo tengo que consultar, tal vez al mismo LP que también es psicólogo). Si traigo hasta aquí a LP no es tanto por esta conversación que mantuve con él, que también, como por la obra que citaba antes, una pieza que me sirve para analizar el estado de conexión perpetua en que nos encontramos hoy, y empleo el término conexión perpetua con todo el deje a cadena perpetua que pueda tener para quien lea esto. Fatherboard, the superavatar, es una obra de la que se puede tener cumplida información en http://www.artificialia.com/Fatherboard, pero sobre todo es un severo examen de las relaciones que constituimos en las redes sociales, muy en concreto en Second Life. Second Life, dicho aprisa, establece relaciones vicarias entre lo que yo quiero ofrecer de mí y otras tantas representaciones de los otros, todos esos comportamientos son delegados en la figura del avatar que es la encarnación de uno en ese territorio bajo pautas impuestas, es uno mismo por otros medios y de otra manera, y al avatar se le asignan las tareas de enfrentarse a la virtualidad por uno mismo y bajo órdenes. Casi con seguridad la primera noticia que tiene LP del uso artístico de Second Life es a través de Marco Cadioli, fotorreportero del trajín de Second Life, que para su primera segunda vida adoptó el nombre de Marco Manray, aunque ya venía reflejando lo acontecido en la Red desde 2003. Al llegar a Second Life uno no repara en que el avatar es esclavo de su creador, quien lo hace se limita a ver la posibilidad de entrar en un divertimento en el que los equívocos le permitirán vivir una segunda vida, como su nombre trata de alardear. Sin embargo, y volviendo sobre la conversación mantenida con LP, de pronto la figura del avatar aparece como el ser atado a la conexión obediente de lo que su amo desee realizar y por eso solo le cabe una salida para cobrar verdadera vida, no la vicaria que se le adjudica por definición en su mundo secundario. La decisión es romper todo lazo con su realidad, desconectar todos los sensores que lo atan a su dueño y correr fuera del mundo en que vive. Porque el superavatar es un avatar que escapa a las reglas, tiene la capacidad de hacerlo y por ello es superior al resto de ellos, se libra de su amo y para dejar de obedecerlo tiene que romper las conexiones, toda posible comunicación, porque en cada dato recibido va inserta una orden, por eso se desconecta del todo y escapa de Second Life, huye de allí para ganar una zona de sombra en la que dejar de estar al descubierto. De esta forma el superavatar escapa y huye de Second Life para conquistar una nueva vida fuera de cobertura, al margen de los artilugios, como refleja uno de los vídeos que muestran la vida del superavatar libre de toda conexión, y que ahora no encuentro en la inet y no sé si finalmente fue realizado o se quedó en mero guión al que tuve acceso y estoy proyectando en mi mente mientras escribo; en el momento de absoluta desconexión, de otro modo, de libertad plena, el superavatar se pasea por un bosque a la orilla de un riachuelo, a salvo de toda onda hertziana que lo pueda capturar y reconducir a su estado primitivo de servidumbre. Deja de estar controlado si ajeno a la conexión. En el avatar podemos vernos a nosotros cuando estamos inmersos en las redes sociales, no tanto porque seamos la voz de un amo como por estar atrapados a la conexión de manera férrea, sin posibilidad de escape al llevar el lastre en nuestro bolsillo, bajo la forma de teléfono móvil. Y en el superavatar encontramos la primera forma de infocidio 2.0, ya que Fatherboard muere en Second Life y pasa a mejor vida, la que está fuera de las redes sociales, para recrearse en el puro estado de naturaleza al que nunca perteneció y en el que se refugia por hastío tecnológico. Fatherboard desiste de Second Life en 2007, el año anterior entra a formar parte de ese mundo Wirxli Flimflam (en la vida real, Jeremy Owen Turner), quien, tras distintos devaneos como miembro del grupo performero Second Front y de la Avatar Orchestra Metaverse, el día de San Valentín de 2010 decide dar fin a su vida en Second Life y desaparecer del mapa, así lo registra este vídeo http://www.youtube.com/v/f_hcFTFOseI al que se puede acceder desde el blog del finado http://wirxliflimflam.blogspot.com. Resulta curiosa la puesta en escena del ¿homicidio, suicidio, infocidio?, tal y como se pregunta el propio autor de los hechos, pues en ella aparece una figura oriental armada con una catana, pequeño detalle que nos puede llevar a pensar que se liquida teniendo en mente la obra de 'social notworking' Seppukoo.com, promovida por Les Liens Invisibles en noviembre de 2009 desde el Piemonte Share Festival. De hecho ese mismo día de San Valentín nos informa de su suicidio como contribución a esa obra http://www.seppukoo.com/memorial/Wirxli-Flimflam/222222. Seppukoo.com era una aplicación, planteada desde la lógica del márquetin viral, que utilizaba la facilidad con que la Red propaga la información como vehículo para ir contra uno de los recursos más empleados hoy en la Red, ya que ampliaba los usos posibles de Facebook invitándote a eliminar tu identidad en él porque si acababas con tu vida virtual era como no acabar con nada, y más en este caso en que se recuperaba tu perfil al acceder de nuevo al sitio; sin embargo, alegando que atentaba contra la privacidad de los usuarios, Facebook corrió a vetar esta aplicación y en la actualidad solo te cabe la posibilidad de borrarte a mano de esta red social en la que todos estamos. Tras esta acción viral, Les Liens Invisibles nos querían enfrentar al concepto de identidad, mejor dicho, vida, virtual como algo totalmente equívoco hoy, que no cabe hacer distingos entre uno y otro mundo, pues lo que está en un sitio también lo está en el otro, pues qué es virtual y qué real, dónde está el límite entre una y otra realidad en estos días de conexión perpetua. Cuando apareció esta obra en mi cuenta de Facebook invitado por varios de sus máximos propagadores, algo que pude saber después ya que en el sitio de la obra hay una lista con los participantes en la acción ordenados por su capacidad de influencia para extender el virus del suicidio, y cinco de entre los diez primeros pertenecen a mi lista de amigos en Facebook, cuando apareció, a pesar de causarme sorpresa, no le hice ni caso porque no tengo instalada ninguna aplicación complementaria en Facebook ya que todas exigen acceder a mi perfil, algo que me hace muy poca gracia, de manera que leí el aviso, fui a consultar la página y me puse a pensar en otro amigo que por aquellos días había decidido darse de baja en Facebook sin más razones que las de estar harto de que cualquiera se metiese en su vida. Este amigo insumiso a Facebook dejó de aparecer entre los de mi lista un buen día, a pesar de que yo accedo muy poco a este sitio de encuentro donde parece ocurrir todo lo que hoy merece ser contado, lo eché de menos y le escribí para pedirle explicaciones por si lo habían expulsado por alguna razón inconfesable (que desde luego no iba a decirme) o la infracción de alguna norma de uso. Me respondió que estaba harto de saber las tonterías de los demás o que se preocupasen de saber las suyas. Todo ello no le impedía seguir empleando recursos de la Red 2.0, pero se negaba a estar a la vista de todos. Lo conozco bien, es una persona educada y con un sentido muy acusado de la privacidad, a mí también me pasa, de manera que pude comprender que no le resultase agradable estar en boca de cualquiera y se alejase de los focos; a mi manera, yo hago lo mismo, mantengo mi cuenta en Facebook y solo la utilizo para ser localizado por gente que quiere contactar conmigo porque sé que ahora se te busca ahí en primer lugar, ya nadie intenta conseguir tus datos a través de un amigo común, se va a Facebook para dar contigo al instante, en cierta manera funciona como un directorio de coordenadas personales, hasta ahí lo puedo entender, pero con una procacidad en la que prefiero no entrar. No estoy muy seguro de la fecha, pero como muy tarde en diciembre de 2009 aparecen las primeras reseñas sobre Web 2.0 Suicide Machine (aunque en su sitio esté datada en 2010), una obra de Gordan Savicic desarrollada con la ayuda del colectivo holandés Moddr, de manera que vendría a ser contemporánea de Seppukoo.com y capaz de terminar con tus vidas virtuales en los sitios de la Red 2.0 más habituales como Twitter, LinkedIn, Myspace y Facebook, entre otros. Los responsables de Facebook reaccionaron casi de inmediato dirigiéndoles un correo el 6 de enero de 2010 advirtiéndoles de que estaban incurriendo en varias faltas (un total de seis) al acceder a la base de datos de sus usuarios. Este correo responsabilizaba a Moddr de la obra Web 2.0 Suicide Machine [http://suicidemachine.org], que extiende a más redes sociales lo que Seppukoo.com había intentando con Facebook, aunque haciéndolo definitivo (si bien no del todo) y no solo provisional, y ello por la razón obvia de que consumimos más horas en relacionarnos con los demás máquina mediante que en hacerlo a cuerpo gentil. La pérdida de tiempo que ello supone es llamativa, si quien me lee está apuntado a Twitter podrá comprenderlo con toda facilidad. Existen personas, en las instituciones no voy a entrar ya que tendrán a un propio contratado para ello, que alardean de cuanto hacen y convierten su vida en una emisión en vivo al alcance de cualquiera de sus seguidores, sin que uno sepa muy bien por qué. Es verdad que si tuiteas en privado te ahorras el dinero de un SMS, en España, según las tarifas de mi proveedor, 15 céntimos de euro para un SMS dentro del país, al extranjero ese mensajito no baja de 75 céntimos; bien, es un ahorro, se comprende, pero ¿qué gano tuiteando mi vida a tododiós? Todavía no lo sé, sin embargo hay personas que nos cuentan sus pasos al dedillo, geolocalizándolos, complementándolos con peliculitas, fotos o registros sonoros, permitiéndome seguir sus vidas con mucho detalle. Se debe de parecer a los programas de telerrealidad, y digo que se debe de parecer porque jamás he visto uno, pero en España todavía se sigue con éxito Gran Hermano, este año entra en pantalla la edición número doce (la versión española del programa holandés Big Brother que comenzó su emisión en 1999; nuestra versión es, junto con la estadounidense, la que ostenta un mayor número de ediciones). A las personas que se apuntan al concurso se las puede comprender ya que quieren conseguir el premio del dinero y la notoriedad, se someten al escrutinio de los demás para eso, pero el que lo tuitea todo, ¿por qué lo hace?, y al que nos lo muestra en Facebook, ¿qué motivos lo impulsan?, ¿hacer amigos o mantenerlos? ¿Hemos cambiado nuestros patrones de conducta y la privacidad se ha vuelto una estupidez obsoleta, un pequeño residuo del novecientos o nos hemos contagiado de una extraña cadena de productividad que consiste en ganar adeptos bajo la forma de contactos en red? Se me ocurre esto último recordando a uno de los que primero me invitaron a las redes sociales, es un amigo con una fuerte bulimia, en todos los ámbitos de su vida se lo tiene que comer todo, ganar a toda costa, tiene un sentido de la competitividad muy exacerbado y cuando entró en Facebook comenzó a hacer amigos a toda velocidad, en aquellos momentos todavía me fijaba en esas cosas y veía su listado crecer a toda prisa, en muy poco tiempo superó los dos mil amigos, hasta que un día desapareció, la verdad es que no le pregunté qué ocurrió y ahora me viene la curiosidad. Poco tiempo después regresó a Facebook con una nueva cuenta. Si pienso en este amigo, que no solo lo es en las redes sociales, sí puedo entender parte de lo que sucede con los amigotes 2.0, y ello me podría llevar a entender al tuiteador compulsivo como una persona que busca la notoriedad a través de la captación de amigos, vendría a ser como el charlatán de feria que en lugar de vender baratijas o aperos sorprendentes se vende a sí mismo por nada, o tal vez nos encontremos ante alguien que vive atrapado por la euforia de la conexión, que, lejos de bulimias y afán de notoriedad, ha descubierto en su telefonillo la mejor forma de estar en el mundo: conectado a todo(s). Esta euforia de la conexión podría ser la desencadenante de la amistad 2.0, haciéndonos vivir en nuestro gueto a través de unas supuestas redes de apoyo mutuo, viendo en el tuit enviado al hiperespacio la segura vinculación con el resto de nuestros congéneres 2.0. Esa obscenidad por mostrarlo todo nos ha llevado a la más completa indiferencia, tanto hacia nuestras propias andanzas como hacia las de otros. Con respecto a la despreocupación para con nosotros mismos, ya pude observar cierta desvergüenza hace años, antes de la moda del tuiteo, en una ocasión en que cerca de mí, en un tren de cercanías, coincidió una adolescente hablando a gritos con otra amiga a través de su teléfono móvil con la función de manos libres activada; me produjo tanto rubor que tuve que cambiarme de coche (soporto mal conocer la vida de los demás, valga como ejemplo que ni leo biografías ni diarios ni memorias ni muchísimo menos autobiografías de nadie, me parece propio de cotillas, no me interesa la vida de nadie, solo sus resultados, de haberlos). El episodio de aquella niña lo achaqué a la inconsciencia propia de la edad ingrata que se mueve entre la dejadez, el hartazgo y las ansias de protagonismo, pero claro, llegan los días del tuiteo, ¿y qué puedo pensar? No lo sé, no sé. La indiferencia y el gusto por mostrarlo todo al extremo están insertas en nuestros días, y así podemos verlo en la obra No Fun, hecha pública el primero de mayo de 2010, [http://0100101110101101.org/home/nofun/index.html] de Eva y Franco Mattes, aun 01.ORG, a quienes me referí muy al comienzo como artistas certeros a la hora de destripar los hechos que constituyen la realidad que nos ha tocado vivir; siguen en ello, continúan dando en el clavo, como lo demuestra esta performance en línea cuyo testimonio videográfico fue aireado en Youtube, y eliminada por los gestores del sitio, algo que a los Mattes siempre les gusta, y les obligó a exiliarse en Vimeo, servicio de mayor calidad y menos trabas. La descripción de la obra es sencilla. En un díptico videográfico, que nos muestra plano y contraplano, vemos transcurrir una videoconferencia aleatoria, a través del servicio chatroulette.com, que toma su nombre del juego de la ruleta rusa y permite el acceso a un sinfín de videoconferencias sin cita previa entre todos aquellos que ingresan en él. En este caso las videoconferencias se establecen entre un ahorcado y distintos interlocutores, aunque el ahorcado poco pueda decir ya. En el cuadro de la derecha, plano del ahorcado, la cámara lo presenta colgado del techo del que tiene pinta de ser un destartalado loft neoyorquino, cerca de sus pies, como llama nuestra atención uno de los videoconferenciantes, aparece una televisión que devuelve al interlocutor su imagen, tal vez para hacerlo más consciente de que está participando en un suceso luctuoso. Los conferenciantes van entrando en la escena, a través del contraplano en el cuadro de la izquierda, hasta que acaba un vídeo por el que pasa una serie de interlocutores que reaccionan con el exclamativo Oh my God!, más puramente adolescente, un sicalíptico onanista, al que vemos el vello pectoral a través de su sucio albornoz blanco entreabierto, un perplejo interlocutor que llama a la policía asustado por lo que está viendo, u otros que lo insultan porque ahora es un pringado que está muerto, sin olvidar el que lo toma a broma porque no puede ser. Lo que ahora me interesa es preguntarme por qué Franco Mattes decide matarse en medio de las redes sociales, a la vista de todos, ante sus cámaras web, pues porque está harto de ellas, de las redes sociales, y decide darles en los morros sumándose a la serie de recursos virtuales para dar muerte a su vida digital, solo que del modo más real posible, con la fuerza de la imagen de un ahorcado en la pantalla de tu ordenador traído por tu cámara web sin que lo esperes. Franco Mattes se da muerte por pura evolución inteligente como miembro de las redes sociales, porque en ellas solo cabe la salida de largarse. Y digo desarrollo inteligente porque quiero traer al cierre de mis palabras la última obra de LP, Intelligenza ([http://www.youtube.com/luigipagliarini#p/u/0/21c2zj9fw04] mayo 2010), un robot que se ahorca, porque la primera ley de la robótica dictada por LP nos dice que un robot será inteligente cuando sea capaz de terminar con su vida. Si atendemos a este dicho comprenderemos que no es más que una evolución de la actitud del superavatar que consigue liberarse de su esclavitud terminando con su segunda vida, la de siervo, para hacerse hombre; del mismo modo, el robot, harto de pertenecer a la cadena de producción forzada se libra de ella dándose muerte, como el resto de mortales damos fin a la conexión perpetua suspendiéndola, de otra forma, renunciando a nuestra vida social 2.0, porque hemos descubierto lo que detrás de la euforia de la conexión está el peso del control. 21:10/29.11.2010 sin derechos reservados: do copy