colaboro con el borderhack de tijuana (méxico) 21.08.2001 sin derechos reservados: do copy
La frontera es el límite de lo posible, el »hasta aquí podíamos llegar (visto desde el otro lado será un »de aquí no pasáis), tal es la idea que, abusando del lenguaje común, aparece cuando pienso en la frontera; por un lado tengo esta idea y, por otro, toda la ideología de la intertextualidad, el hipertexto, la hibridación, el mestizaje, lo multipolitransínterhípermasallá, algo así como un todos iguales, en el mismo sitio (y aquí brotan globalización, mundialización —lo mismo con otra palabra para que la confusión no ayude— o planetarización, otra más al lío de lo único, antes internacionalización querida por todos, bueno, otros eran nacionalistas o, algunos, cosmopolitas, mucho más chic) y con idénticos derechos (patrimonio de la ideología cristiana, ya casi mayoritaria en política, y sus tablas de derechos universales) y poderes (si te los dan, gracias); si aceptamos la inexistencia de territorios distintos, que todo, al final y por humano, es igual, muy parecido, bueno, casi igual, entonces las ideas de frontera, de lo fronterizo, incluso las ideas fronterizas a caballo de épocas y territorios, dejarían de tener sentido para sólo caber la idea de espacio común y territorio único de vida y desarrollo, algo así como un nicho ecológico compartido, nueva Arcadia cobijada por la internet, porque ya en su mismo seno, esencia de su palabra, lo inter-nos del prefijo, se acoge, si además se redunda con una raíz también relacional, como ocurre con net, tendremos como destino un grato encuentro entre todos, entonces mejor será no hablar de fronteras, no tiene sentido, preparados para asistir, no al fin de las ideologías (rancia afirmación de mediados del siglo veinte), al fin de culturas, países, lenguas y todo aquello distinto, entre elementos tan iguales, desarrollado en el tiempo (al final veríamos la eliminación de los plurales para dejar al nuevo lenguaje proferir una retahíla singular a la que no dar crédito); en definitiva Babel cae en barrena y la nueva Arcadia cobra vida; aunque si desplazamos la vista de donde nos entretienen, la internet podemos verla como una televisión con muchísimos canales, suficientes para perderte sin descubrir, pero sí intuir, su infinidad, creo que el sentido de infinitud sufrido cuando uno enchufa la internet es parte de la fascinación del usuario que le lleva a verlo como distinto a lo hasta entonces disfrutado; invito a la simple cuenta de golpes dactilares dados sobre el telemando de la tele o el de la internet, se comprobará el mayor esfuerzo de la navegación telemática frente al corto desplazamiento por los distintos canales televisivos, aquí comienza la experiencia real de infinitud proporcionada por la internet, esta idea de sin límites el sentido común la convierte, al instante, en un sin barreras y, de inmediato, afirma la desaparición de las fronteras porque no se puede contar, tan simple como eso, así que los límites desaparecen. Volvamos a la geografía, donde la frontera no la puedes cruzar y existe, en ella se da la plenitud del »hasta aquí podíamos llegar, como tope impuesto al ingreso de personas y cosas, en esto los animales son puras cosas, según advierte